Una copa de vino al día

Una copa de vino tinto  al día es lo que  recomiendan muchos médicos a sus pacientes, en las últimas décadas se ha descubierto beneficios al organismo anteriormente desconocido en esta bebida tan antigua.

Esto es debido a su alto contenido en polifenoles  que, junto con el alcohol y la acidez le dan al vino sus características, como es el color de los tintos, de la astringencia, del cuerpo y de la estructura que disfrutamos con cada copa que degustamos.

Así es como hoy en día sabemos que el vino sirve para regular los daños que genera el tabaco en los vasos sanguíneos, por ejemplo. Que ayuda a  eliminar los radicales libres y proteger el corazón, también sirve para regular los daños que genera el tabaco en los vasos sanguíneos.

Además se descubrió que el vino tiene efectos anticoagulantes y antitrombóticos, que previene enfermedades cardiovasculares, que reduce la posibilidad de padecer una enfermedad coronaria, al reducir la producción de colesteros (LDL) y aumentando el bueno (HDL).

Con tantas buenas noticias es que con una o más copas de vino en Fechoría Restaurante brindamos por ti, por tu salud.

Vení a Fechoría Restaurante  y celebra con nosotros la alegría de la vida, probá

Alma mora 750.

Alma mora 375.

Don David 750.

Elementos 750.

Elementos 375.

Navarro Correas Eb.

Las Mascotas Eb.

Trapiche Eb.

Trapiche Eb 187.

Dada n°7 187.

Amauta.

Laborum.

Copa de vino.

 

El alma del vino está en los suelos.

Es en ese “terroir” donde se emplaza el viñedo, con las diversas temperaturas, grados de humedad o sequedad, vientos, los tipos de minerales del suelo (además de otras características como bacterias, levaduras silvestres, enfermedades presentes en el terreno), los que dejaran la marca en las uvas que darán un vino con determinadas características, color, sabor, aroma.

 La uva será el reflejo del lugar donde se cría, de la antigüedad del viñedo, de la altitud, latitud, drenaje del terreno y del cuido que le den. La vid necesitará macro y micro elementos en minerales, nitrógeno, potasio, fósforo, para su desarrollo y metabolismo además de calcio, hierro, boro, cobre, magnesio que deberán ser aportados en las cantidades apropiadas.

Es esta la causa de que no haya dos vinos iguales, que el alma del vino provenga del suelo y de las “necesidades” de cada planta de fortalecerse en busca de agua y de la necesaria pobreza del suelo que deberá carecer de un exceso de materia orgánica.

 Deberá ser un suelo con muy poca salinidad, carente de ácido  y disponer de un buen drenaje de agua. Los suelo con piedras favoreces estas características, los de color claro reflejaran el calor y la luz a las plantas aunque en época de heladas serán más susceptibles por su irradiación y por no mantener el calor, lo contrario ocurre con los terrenos  oscuros.

 Para los vinos blancos un suelo de sílice le aportará ligereza, finura, aromas y grado. Un suelo de arcilla, que retienen bien los nutrientes y el agua, darán vinos con volumen, tánicos, de graduación alcohólica no muy alta, elegantes. De un suelo arenoso se obtendrán  vinos suaves, poco alcohólicos, brillantes, aromáticos.

Así cada tipo de suelo llevará a un tipo de vino, que puede resultar armonioso, aromático, franco y limpio al ser criada la uva en un suelo granítico, que permiten una maduración suave, o si lo es un suelo pizarroso (pocos profundos, pobres, terreno caliente) se obtendrá  vinos minerales, complejos, con notas de tostados. En los suelos volcánicos la calidad del vino será uno con aromas ahumados y minerales ya que este tipo de terreno filtra bien el agua y retiene los rayos del sol.